Operación Noel: matar al Mensajero
Un hecho que no puede ser erradicado como realidad histórica, debe ser desfigurado por el sistema que interpreta dicho suceso, amenazante y perjudicial para sus cometidos y supervivencia. Evitando a la consciencia popular, que ambiciona usufructuar en su beneficio, percatarse del más extraordinario acontecer providencial. Este agazapado poderío ha logrado constituir el máximo éxito publicitario de todos los tiempos. La Navidad fue sustituida por “las fiestas” cuya vorágine oculta el misterio etéreo revelado al hombre, en un niño-Dios. La más fugaz festividad corre a la mismísima infinitud del quehacer patente del orbe, apoyada en la efectiva estrategia del entretenimiento consumista, divertido, “copado”, confortable e insaciable. Características por demás bienvenidas en el degradante hoy, mientras no asome entreverado un ápice de significatividad. Sería, eso, inaceptable. Castigado. Con magistral ideación la llegada y crucifijo del resurrecto fueron eclipsados por un mimetiza...